La
pequeña campana repicó al abrirse la puerta. Un joven de traje y sombrero verde oscuro dio un paso dentro del café. Era una noche
lluviosa así que el lugar se encontraba repleto por aquellos que buscaban un refugio contra esta
y calentarse un poco.
“bienveni…”
“voy
a tomar la mesa de siempre” el joven de traje ignoró las palabras de la joven
empleada. A pesar de la lluvia, su traje no presentaba el mínimo rastro de
haber sido afectado.
“d-d-discúlpeme
pero…”
Él
la ignoró. La mesa que solía usar se encontraba ocupada por un hombre que lucía
mayor que él. Este vestía con un traje negro y corbata roja, su cabellera negra
era larga pero amarrada con una delgada cinta en una pequeña cola de caballo.
Una humeante taza de café se encontraba enfrente de aquel hombre.
“si
no le importa compartir la mesa tal vez…”
“descuide
no me importa” se quitó el sombrero revelando su cabellera castaña “tráeme lo
de siempre”
“pero
el cliente…”
“no
le importará “
La
joven empleada se rindió ante su insistencia y tras darle una última mirada se
retiró a preparar la orden.
“he
perdido la cuenta ¿Cuándo fue la última vez que nos vimos?” se sentó y dejó su
sombrero sobre la mesa.
“no
cuento los años pero me alegra ver que te encuentras bien” el hombre de traje
negro dio una probada a su café.
“¿lo
dices enserio?”
“¿un
padre no puede preguntarse por el bienestar de su hijo?”
“siempre
preocupándote por tus hijos. Incluso por el menos favorito” la joven empleada colocó un vaso con escocés
en las rocas enfrente de él.
Por
breves instantes el olor a whisky opacó al por si solo fuerte aroma del café
negro al otro lado de la mesa.
“tus
hijos saben hacer un buen licor. Una de las pocas cosas buenas que hacen” decía
él jugando con su vaso.
“siempre
los has subestimados ignorando por completo
su capacidad de lograr cosas increíbles”
“pero
es que es muy fácil de ignorar considerando toda su historia, todas las vidas
perdidas y destruidas. Tantos posibles finales felices que nunca se concretaron
por el egoísmo de tus hijos. Un trabajo de mejor calidad que cualquiera de los
míos pudo haber hecho”
“por
lo visto aun estas lleno de envidia, hijo mío”
“no.
Solo resaltaba lo obvio. Y si quieres saber, entiendo por completo porque me echaste de casa. Era un niño
haciendo un berrinche, debías disciplinarme” le dio una probada a su whisky
dejando la mitad del vaso.
“Miles
de vidas inocentes ser perdieron por tu orgullo pero al menos pareces ser más
sabio ahora.”
“la
edad conlleva a la sabiduría querido padre. No solo tus preciosas creaciones
pueden cambiar” al hombre de traje negro le era difícil confiar en aquella
sonrisa que su hijo le mostraba. Por más sincera que esta pareciera.
“aun
así, nuestros hijos no se llevan bien” el hombre de traje negro levantó su taza
de café una vez más para terminarla por completo.
“lo
sé. Han pasado muchos años ya, como para saber cómo inicio todo. Pero si sé
cuando empeoro “la mirada del joven se
centraba en su vaso de whisky.
“…”
“creíste
que tus creaciones peligraban y les
distes a los hombres más cercanos a tu hijo favorito un poder que podía
rivalizar con los de mis hijos”
“era
necesario, tus hijos los utilizaban como sus juguetes. Despertaron en ellos codicia y envidia, hicieron que me guardaran
rencor e ignoraran mis palabras. No podrás comprender el terrible dolor que
sentí al tener que levantar mi mano ante este mundo.”
“Tal
vez tengas razón en eso. Pero la cosas no acabaron ahí”
“el
odio entre mis hijos y los tuyos creció hasta el punto en que dieron un nombre
a ambos bandos”
“tus
hijos que eligieron combatirnos se hicieron llamar exorcistas y creían tener a
su padre de su lado”
“y
los tuyos fueron tachados como demonios”
“el
hombre tiende a condenar lo que no comprende…. Estoy seguro que muchos de los
sabios de tu creación habrán tenido es pensamiento siquiera una vez.”
“Me
gustaría ponerle fin a esta locura”
“Dejar
que las cosas sigan su rumbo no funcionara, eso lo sabemos muy bien”
“Mis
hijos son obstinados” el hombre de traje negro sonrío levemente.
“y
los míos orgullosos… ¿Qué te parece si nos entrometemos un poco?”
“¿A
qué te refieres?”
“Un
juego”
“¿un
juego?”
“para
los dos lo sería. Aunque ellos lo verían como una guerra. Si una vez más les
confiaras a los humanos el mismo poder que una vez le diste a los seguidores de
tu favorito. Mis hijos tendrán que actuar. Por supuesto que después de este
punto, ninguno de los dos podrá actuar.
Tus hijos y los míos tendrán que arreglárselas por su cuenta.”
“¿Por
qué estaría de acuerdo con algo que acabaría con miles de vidas?”
“porque
dejar las cosas como están acabaría con la de millones.”
“…” Las
palabras de su hijo parecían carecer de
sentido ¿Cómo una guerra traería paz en ambos bandos? Lo observaba con
detenimiento. Lo siguiente que dijera determinaría si debía seguir escuchando.
“como
dije la edad ha traído un mejor entendimiento para los míos. He visto incluso
características en algunos de ellos que te haría pensar si son realmente tan
diferentes a los humanos.
“¿lo
hermanos se amistan después de una pelea? No será tan fácil como suena. Incluso
entre mi creación hay algunos que sus acciones son más demoníacas que la de
cualquiera de tus hijos”
“¿no
crees que este juego seria la presión que ellos necesitan llegar a un
entendimiento mutuo?”
El
hombre del traje negro se levantó y caminó unos pasos deteniéndose a la altura de su hijo.
“buscas
entendimiento entre dos grupos que se odiaron desde tiempos inmemorables…Esta
noche has pronunciado palabras que nunca pensé que saldrían de tu boca. Solo
por eso confiare en ti hijo mío y haré lo que me pides”
“…Gracias
padre… solo espero no equivocarme…” el joven acabó con el resto de su bebida.
El
hombre del traje negro se despidió con un movimiento de su cabeza y sé retiro
tras dejar el costo de su café en la mesa.
“he
dicho muchas cosas hoy, pero todo dependerá de cómo reaccionen mis hijos” el
joven agitaba su vaso vacio. Desvío la
mirada hacia la ventana. Aun con la lluvia se podía ver con claridad a hombres
y mujeres conversando con tranquilidad bajo un paraguas y a familias presurosas
buscando cobijo. “no puedo hacer nada ahora” Todo dependerá ahora de ti, mi
querida niña”
Aquella
noche una lluvia de estrellas fugaces pudo ser apreciada en todo el mundo.
Ningún hombre de ciencia pudo dar una explicación ante tal fenómeno. Los
hombres de fe lo consideraron un mensaje
de Dios, un milagro, llamándola ¨lluvia divina¨. Pero otros la consideraron un
mal presagio ¿Aquel era en verdad un mensaje de Dios?”
Ambos
tenían la razón…