Una hermana era común en aquel lugar pero su apariencia la hacía resaltar de entre
cualquier otra. Su cabello corto rojizo sobresalía de su tocado negro. El
hábito, también negro, terminaba pasando un poco sus rodillas, sus piernas eran
cubiertas por unas pantimedias negras y sus pies por un par de botas café. En su brazo
izquierdo y derecho, sobre su ropa, se encontraba tres correas de cuero sujetas
a ellos.
Su apariencia no era fácil de ignorar aun así los hombres y
mujeres con los que se topaba solo le dedicaban una rápida mirada.
Había caminado cerca de veinte minutos y aun así no había
salido del templo que era su hogar desde sus nueve años. Pasó por enormes pasillos y por un jardín hasta
llegar a una pequeña iglesia, ubicada en el extremo más alejado.
Motivos florales se encontraban grabados en el viejo portón de madera que se encontraba entre
abierto. Cruzó a través de este. Adentro
encontró a una hermana, que lucía más joven que ella, arrodillada ante el altar
en posición de oración.
La joven hermana vestía con un tocado blanco, que permitía
la vista de su largo cabello rubio cenizo,
y un hábito azul oscuro. La extensión de este era mayor al de ella pero
aun así dejaba a la vista unas medias blancas que acababan en unos zapatos de
charol también azul oscuro.
“es muy perturbador verte aquí, Matthaeus” dijo ella
sentándose en una de las bancas más cercanas a la salida.
“solo soy una humilde sirviente que le reza a su señor. Es
más extraño encontrarte aquí, Marcus.”
Matthaeus se levantó y se dirigió hacía Marcus que aun estaba sentada a pocos
metros de ella.
“Es el sitio más
alejado de este zoológico. El lugar perfecto para tomarse un descanso” ella
saco de su habito una paleta.
“por lo visto aun tienes gustos infantiles”
“prefiero vivir con tranquilidad mi edad y no jugar a la
adulta como otros” Marcus guardo la envoltura en sus ropas y tras darle una
sarcástica mirada a la pequeña hermana, colocó la paleta en su boca.
“no lo llamaría jugar ¿Es que no es lo que espera todo el
mundo de nosotras?” Matthaeus trataba de
ocultar su molestia pero su seño fruncido la delataba.
“¿acaso piensas justificar tus crímenes con la misma frase
que repiten esos ancianos?”
“¿crímenes?”
“¿quieres hacerte la inocente? Tus manos están manchadas de
sangre”
“Al igual que la tuyas.” Se encogía de hombros “Solo
cumplimos nuestro deber. No es algo que disfrute” Matthaeus trató de ocultar sin existo la
sonrisa que se formaba con una de sus manos.
“si realmente los sintieras pasarías toda tu vida de
rodillas…”
Marcus movió su cabeza justo a tiempo. Unos segundos más y
la daga hubiera cortado su cuello. Volteo hacia atrás y vio como una mano salía
de la nada. Aquel miembro se encontraba flotando y en donde se supone que se encontraría el
antebrazo solo se veían unas ondas en el espacio, similares a las formadas al
lanzar una piedra al agua.
“eres demasiado aterradora para ser una niña” Marcus seguía con la mirada fija en el miembro
flotante.
“perdóname…” la mano retrocedía hasta desvanecerse en el
espacio “a veces no controlo mi…entusiasmo” decía ella con una enorme sonrisa.
“sé muy bien como te pones cuando estas entusiasmada” Marcus
se puso de pie y caminó hacia Matthaeus.
Un rápido recuerdo pasó por su mente. Una habitación llena
de sangre y miembros humanos total mente irreconocibles, y en el centro
Matthaeus sonriendo con las ropas aun manchadas del rojo liquido.
“el verte aquí me ha
puesto de mal humor” Matthaeus colocaba su mano extendida a la altura de su
cintura. “¿qué te parece si nos ponemos serias?” Lentamente comenzó a alzar su mano. Al
hacerlo unas ondas similares a las anteriores comenzaron a verse bajo esta. De
entre esas ondas comenzó a verse una cabeza que lentamente surgía. La cabeza
dio paso a hombros, brazos y finalmente piernas. Todos estos elementos formaban
una réplica perfecta de Matthaeus.
La réplica se quedó de pie con los ojos cerrados como una
muñeca. A diferencia de la original, cubría su cuerpo con un simple vestido blanco
y unas alas emplumadas que se cerraba enfrente de ella, envolviéndola como a un
abrigo.
Matthaeus se acercó a la muñeca y tiernamente le acariciaba
las mejillas.
“ha sido mucho tiempo desde la última vez que te vi así,
hermana” le susurraba al oído. “debemos agradecer la amabilidad de Marcus por
permitirnos otra vez encontrarnos” Matthaeus soltó a su réplica y se alejo unos
pasos.
La réplica extendió sus alas dejando varias plumas flotando.
Dos dagas de plata, una curva y otra recta, se materializaron en sus
manos. Sus ojos se abrieron, mostraban
una mirada vacía.
“ahh…” Marcus suspiraba “debí saber que esto pasaría…” extendió su mano. Esta se hundía como si el espacio enfrente de ella fuera agua. Aun
que sus ojos no lo veían, su mano sentía
algo del otro lado de esa barrera invisible. Apretó con fuerza y extrajo el
objeto hacía ella.
En las manos de Marcus se encontraba una espada con el mango
dorado. Su empuñadura tenia la forma de
una cabeza de león con las fauces abiertas, por donde salía la hoja. Esta era de
plata con pequeños motivos gravados de oro.
“decirte que nos
prohibieron esta clase de encuentros no te hará desistir, ¿verdad?” Marcus usaba su espada para mantener
distancia entre ella y la réplica de Matthaeus.
“¡vamos hermana! ¡Marcus ha aceptado jugar con nosotras!”
A la sola mención de sus palabras, la réplica se lanzó hacia
Marcus. Sus alas le permitían ir más rápido que cualquier otra persona corriendo
con sus pies y debido a esto apenas tocaba el suelo.
Trató de dar una estocada al rostro de Marcus y otra a su
estomago. La primera fue esquivada con
un pequeño rasguño en su mejilla como
daño y la segunda la evitó con su
espada.
“¿realmente quieres matarme?”
“Por supuesto que no. Eso acabaría rápido con la diversión.”
Le sonreía ella “pero como veras… mi hermana se está entusiasmando”
Por más que mirara, Marcus no notó ningún cambio en la
expresión de la inmutable réplica.
“¿Qué dices hermana?...ya veo. No, no creo que Marcus tenga
algún problema” Matthaeus le sonreía a su réplica.
“¿Qué pretendes hacer?” Marcus colocó su espada enfrente de
ella en posición defensiva.
Aun empuñando su daga, la réplica levantó su mano apuntando
a Marcus. Movió su mano de izquierda a derecha. Tras cada movimiento debajo de donde había estado su mano, una daga
se materializaba.
“¿es en serio?” Marcus retrocedió unos pasos sin darle la
espalda.
Cuando la ultima daga se materializó, la réplica levantó su
mano apuntando hacia el cielo. Su mirada vacía se centró en Marcus. Bajó su
mano apuntando hacia ella y las dagas se lanzaron hacía la hermana como
flechas.
Marcus aplastó con sus dientes la paleta en su boca y lanzó
la varilla de plástico al suelo.
Logró bloquear cinco con su espada, cuatro decapitaron la
imagen de un santo, rompieron un vitral; Y la última le arrebató el tocado de
su cabeza clavándolo en un muró cercano.
“¡una vez más!” Gritó Matthaeus alzando ambas manos y
mirando al cielo.
La réplica volvió a materializar más dagas pero esta vez
duplicando su cantidad al usar ambas manos. Al bajarlas la nueva ronda de dagas se disparó.
Marcus se preparó para recibir el ataque pero antes que
cualquier daga impactara, un enorme objeto salió de la misma barrera invisible que
guardaba a su espada. Las dagas impactaron con el nuevo objeto revotando de
este sin dejarle rasguño alguno.
“¡Lucas!” exclamó Marcus mirando en dirección al portón.
Enfrente del portón se encontraba una joven mujer con el seño
fruncido y las manos en sus caderas. Su cabello era largo y negro, atado en una
cola de caballo por un listón rojo. Era más alta que las dos hermanas pero a
diferencia de ellas, el hábito que vestía era uno más tradicional y no llevaba
tocado.
“tsk… ¡no estamos jugando contigo, Lucas!” Gritó Matthaeus
furiosa.
Lucas la ignoró y caminó en dirección a Marcus.
“¡me estas escuchando! ¡No me…” la pequeña hermana se quedó
callada ante la gélida mirada de Lucas.
“guárdala…” Lucas señaló a la réplica.
“¿eh?”
“¡guárdala!”
“...” Matthaeus asintió y con un movimiento de su mano la
réplica empezó a desvanecerse junto con las dagas que había lanzado.
“tú también” volteó
esta vez mirando a Marcus.
“si…” Marcus realizó los movimientos para guardar su espada
pero en vez de usar una vaina, está desapareció de la misma manera en que
llegó.
“veras…” Marcus trató de hablar cuando tuvo a Lucas enfrente
de ella. Aunque Lucas no estaba dispuesta a escucharla.
“¿Qué estás haciendo?”
Preguntó Marcus cuando la hermana de cabello negro la cogía del cuello
de su hábito.
Sin decir nada más Lucas la Lanzó contra una distraída
Matthaeus, golpeándose ambas la cabeza.
“¿eso era necesario?” se lamentaba Marcus en el suelo.
“¡¿Cuál es tu problema anciana?!” gritaba Matthaeus de
rodillas sujetándose la cabeza.
“A-A-Anciana…” La
expresión de Lucas se volvió sombría con su puño cerrado temblando enfrente de
ella.
“ahh… “la pequeña hermana se sujetó la cabeza con fuerza por
segunda vez.
“hace mucho que debió hacer eso” Marcus se quejaba mirando a la pequeña
hermana mientras se incorporaba.
“nadie invitó a Lucas…” Matthaeus aun sollozaba.
Lucas ignoró las quejas de ambas hermanas. Metió sus manos
dentro de su hábito, sacó una cajetilla de cigarrillos casi vacía y un
encendedor. Lo encendió y con los ojos cerrados dio una profunda bocanada.
“no me importa quien comenzó…” una nube de humo se escapó
cuando abrió la boca. “¿Por que cada vez que Iohannes no se encuentra, ustedes
no pueden pasar cinco minutos sin causar un
desastre?”
“porque es la única que puede controlarla” respondía Marcus sin
mirar a Matthaeus pero señalándola con
su dedo pulgar.
“cuando ella no está, ¡es conmigo con quien se quejan los
cardenales!” cerró los ojos y dio otra bocanada “¿Cómo puede soportar todo
esto? Ya parece que soy la madre de ustedes”
“si sigues enojándote así pronto te arrugaras como una”
Murmuraba Matthaeus
“¡eh!” Lucas colocó
sus nudillos en ambos extremos de la cabeza de la pequeña hermana y giró con
fuerza.
“…duele… duele mucho… detente Lucas…” pedía Matthaeus entre
sollozos.
“¿Cómo voy a ser una madre? Aun estoy en la flor de mi
juventud, apenas tengo dieciocho” Lucas se calmó dejando una adolorida
Matthaeus con la cabeza recostada en el suelo.
Marcus se dirigió en donde había quedado su tocado después
del ataque de la réplica.
“tsk… tiene un hueco” dijo ella comprobándolo con su dedo
“¡me debes un nuevo tocado!” le gritó a Matthaeus, quien recién se levantaba.
“sígueme Marcus” dijo
Lucas apagando su cigarrillo en el suelo. “Matthaeus encárgate de limpiar…”
“¿ehh? ¿Por qué yo?”
“de quien es la culpa en primer lugar”
“…”
..
..
..
Las dos hermanas se encontraban en el estudio de Lucas. Una
habitación repleta de libros, no solo en estantes sino también en pequeños
pilares. La mayoría de los títulos le eran desconocidos a Marcus. No solía
frecuentar mucho aquel lugar cuyo olor ha guardado solo parecía fastidiar a las
dos menores de las cuatro.
En el escritorio de Lucas se encontraba varios papeles
apilados, un cenicero de plata, varios cuadernos escritos a mano y un pequeño
cofre de madera y hierro forjado.
Lucas abrió la ventana detrás de su escritorio y se sentó en
la silla cerca a este. Con un gestó de su mano le pidió a Marcus que se sentará
en la silla restante.
“esa niña solo le hace casó a Iohannes, no creas que
escuchará lo que digas” Marcus se sentó en la silla apoyando sus pies en el
escritorio. Sacó una paleta de su hábito y le quitó la envoltura “disculpa…
¿querías… decirme… algo?” trató de hablar pero la paleta en su boca le hacía
difícil entenderla.
“tan poco femenina como siempre” sonreía Lucas “¿sabes
porque estamos aquí?”
“¿otra vez esa historia?” Marcus sostenía su paleta en la
mano con una expresión de cansancio en el rostro.
“hace diez años…”comenzó a narrar Lucas.
“hace diez años” Marcus la interrumpió y continuo narrando
con una voz monótona “aparecieron unos niños que causaron reacciones en la
reliquias sagradas que dejaron los santos patronos siglos atrás. Los cardenales
que se vieron escépticos al principio al final reconocieron nuestra existencia
y es más la tomaron como la señal de que algo importante se avecinaba.”
“esa sería la versión
resumida…” decía Lucas encendiendo un cigarrillo. “Tras ser aceptados, la
iglesia Ortodoxa, la iglesia Católica, la iglesia Copta y la Iglesia Luterana
empezaron a buscar a los nuestros en
todo el mundo.” Lucas se detuvo para dar una bocanada “después de todo al ver
que las reliquias podían ser usadas como armas, nos consideraron como elementos
muy valiosos”
“una forma… muy elegante para… llamarnos perros de ataque
“Marcus sacó la paleta de su boca “¿y bien?
¿Qué tiene que ver esa vieja historia con lo que me quieres decir?”
“Iohannes fue enviada para investigar a un posible
candidato. Las ordenes que le dieron implicaban que no hiciera contacto
alguno.”
“¿y?”
“ya varios meses de eso” Lucas apoyó el cigarro en el
cenicero “el candidato no ha mostrado ninguna irregularidad.”
“¿Tal vez se equivocaron?”
“Es probable. Aun
así, los cardenales están ejerciendo presión por una respuesta concluyente. No
nos queda otra opción que forzar las cosas.” Lucas centró su mirada en la
hermana que se encontraba distraída contemplando el techo.
“¿y de alguna manera los ancianos creen que yo haré una
diferencia?”
“creen que sería más útil que tuviera contacto con su viejo discípulo” Lucas tomó el cofre y
lo abrió para que Marcus viera el contenido.
Dentro del cofre había una llave simple sin ningún tipo de
adorno y oxidada.
“¿oye estás hablando de mi maestro quiero decir el maestro
de Sanctus Marcus?” Marcus bajo los pies del escritorio.
“Al menos eso cree Iohannes”
“parece interesante” colocó la paleta de nuevo en su boca y
se puso de pie.”¿Cuáles son las especificaciones de mi misión?” Marcus se
encontraba de un extraño buen humor.
“Al igual que Iohannes observaras, pero es necesario un
contacto directo. Tal vez eso genere una reacción en él y llevaras la llave por
si la reliquia muestra una reacción”
“Bien ¿Cuándo parto?”
“Esta noche” Lucas apagó el cigarrillo restregándolo con el
cenicero.
Marcus dio media vuelta y se dispuso a salir de la
habitación.
“no te olvides de la reliquia”
“es cierto” decía algo apenada.
“Por cierto ya que tendrás un contacto directo con el
candidato. Deberás usar tu nombre”
“¿mi nombre?... ¿Marcus?”
“tu verdadero nombre”
“….”
“….”
“¿y era?” preguntaba Marcus confundida.
“Bianchi Prochainezo”
“¡oh! Es verdad hace años que nadie me llama así. Ya lo
había olvidado” decía con una enorme
sonrisa, apenada.
“…retírate… alista tus cosas…” Lucas señalaba la puerta con
su mano derecha mientras que la izquierda estaba apoyada sobre su frente.
Marcus se retiró con el cofre en sus manos.
“¿saldrá todo bien?”
Lucas se recostó sobre su silla mirando al techo.